Friday, July 10, 2009

Capuchino


Uno de los pequeños placeres que tiene el levantarse temprano en verano es ver, en directo, los encierros de San Fermín. Café, cigarro y encierro. Sí, me gustan los toros. Otros disfrutan, porque pueden, la retransmisión-nana del Tour, ese otro gran placer de Julio.

Lo maravilloso de los encierros empieza desde que abren la puerta por donde salen los toros: con ellos, sale un sol mañanero, una luz de verano llena de vida, blanca inmaculada, comienza un nuevo día. Somnoliento, me lo he pasado en grande con Capuchino esta mañana, seré sincero, con sus vueltas, su bravura, su rabia, el desconcierto de los "pastores"...

Cuando llegué al trabajo me sentí culpable.


Sunday, July 05, 2009

Resultado de la reclamación a RENFE por un retraso de 196 minutos.

22 € y errores. Cuanto mal ha hecho la tele.

Orgullo 2009





Thursday, June 18, 2009

Viaje a Jaén



Me voy a Jaén, que tengo una audiencia previa de una tercería de dominio. Como, me pongo cómodo, cojo la maleta y me voy a la estación de Atocha. Bajo esas escaleras, a la zona de "cercanías".

El primer impacto del viaje lo constituye el andén, lleno de gente que yo, tan acostumbrado sólo a lo que estoy acostumbrado, siento extraña, con ese pronunciar la palabra “trabajar” como “trabajáhn”.

El tren que te lleva a Jaén es un “Regional Express” de “Media Distancia”, que es un eufemismo para no confesar a las claras que te ponen el mismo tren cutre con el que se va de Vigo a Coruña en las horas malas (no el TRD, que va), aunque el trayecto dure más de cuatro horazas a base de parar en cuanto pueblo de mala muerte haya.

Al poco de pasar Villasequilla (¡esos topónimos castellanos!), el tren se para. Sigue parado. Se mantiene parado. Pasa el revisor: “el tren que nos precede está ardiendo y tendremos que esperar”. El tren, definitivamente, se para. Cesa su ruido y cesan también el aire acondicionado y el funcionamiento de la máquina de vending. Son las cinco de la tarde de un caluroso día de Junio en La Mancha. Empiezan las conversaciones entre los hasta ahora desconocidos. Se cuentan historias y motivos. La verdad, no me interesan, pero no estoy agobiado. Sudo y me recaliento. Aprovecho una pasada del revisor para rogar una apertura de puertas, para fumar. Finalmente accede a mis ruegos. Fumo. Al fondo de la vía se divisa una columna de humo negro. Pasan Bomberos y Protección Civil. Estamos en el apeadero Huerta de Valdecarábanos, que me recuerda al "hogar" de los P.Tinto.


Transcurre el tiempo y la gente tiene sed. Quizás no tanta, pero hay quien aprovecha la existencia de público cautivo para quejarse, para hacer mítin. Se acude sin rubor a la baza ganadora de los viejos y niños, pero la Reme, a la que le presto mi móvil para hacer varias llamadas, está más interesada en contar su historia, hoy que tiene quien la escuche. Su historia incluye un hermano muerto a los 19 años en la batalla de Belchite. Sus comadres tampoco se quejan. Alguien reparte delicias turcas.

A las horas ya, llega la prensa, una fotógrafa y un reportero, con cara de reportero y maneras de reportero. La gente se desata. Ya hay quien ha llamado al 112 y a Renfe, para quejarse a gritos. Hacen su aparición "los listos" y los que tienen "cuñaos".

Llega la Benemérita, pero más por el tren “ardiente” que por el tren “cociente”, pues nuestras quejas y lamentos les pillan a pie cambiado. Hay quien aprovecha para desahogarse con la autoridad, de un modo ventajista y estúpido. Traen agua, que, al final, sobra.

Tres horas y pico después, sudorosos y recalentados, salimos. Nos cruzamos con el tren que nos precede: su locomotora y primer vagón están completamente chamuscados. Ha habido evacuación y los han metido en buses. Suertudos. Son las 8 de la tarde y no llegaremos hasta las 23:15 de la noche a Jaén. Siete horazas y pico de viaje.

He sudado muchísimo. Resultado: esa pequeña molestia incipiente, que amenazaba tormenta en el segundo premolar izquierdo, se ha desarrollado y ha brotado, produciéndome una leve desfiguración que aumenta por momentos. Tengo hambre, sed, (mucho) dolor y sueño.

Llego a la estación de Jaén, al menos hay taxis. Me lleva un Mercedes al Hotel Xauen, que resulta ser el típico hotel con una recepción moderna y de diseño y unas habitaciones de residencia de estudiantes con suelo de madera si, pero cutres. La tele de la habitación es más pequeña que mi PSP, allá, a lo alto. Aunque habíamos elegido el hotel por tener wi-fi, éste era tan leve e inconstante que no pude conectarme un solo segundo. Tomadura de pelo.

Quiero cenar. Cocinas cerradas. Vagabundeo. Cuando ya estoy a punto de la desesperación, encuentro un kebab. Claudico. El moro quiere que me lo coma allí. No sé si es raro, está aburrido o quiere tema. Huyo por patas con el puto kebab, camino del hotel. ¡Un kebab! ¡yo! Hasta me sabe bien. En la tele andaluza, Paz Padilla presenta un programa llamado “Paz en el mundo”. El invitado es el “Lebrijano”. Paz le pregunta si todos sus antepasados son gitanos, de lo que él presume orgulloso. Odio a Paz Padilla. Nunca ha tenido ni puta gracia. Paso una nochecita toledana, sudores y dolores.

Madrugo. El dolor me hace de despertador. Me bajo al buffet, que consiste en algo de zumo, bollería poco lucida, algo de fiambre frio y café. Bueno, también hay crispis “incluseros”. No merece llamarse buffet. Me dueeele. Apenas puedo abrir la boca.

A las 9:30 estoy rascando, como un chucho, la puerta de la farmacia más cercana. Mi historia convence a la manceba: me da Clamoxil 500 y Algiasdín. Me da subidón. Me bajo al Juzgado, que, como también es Audiencia Provincial, tiene sus asuntillos penales y sus reos. Destaca una gruesa gitana con 4 policías en su órbita. ¿Qué habría hecho?

La audiencia previa dura cinco minutos. Me admiten toda la prueba y el Juez deja entrever que lo tiene clarísimo a mi favor, pese al apretón de manos inicial con el abogado contrario. Cosas de las plazas pequeñas. Cuando salimos, el “adverso” me reconoce que tengo razón y me adelanta que hablará con su cliente para retirarse y que sean menos costas. A ver si es verdad este éxito total.

Me da tiempo a volver al hotel para ducharme de nuevo. Como no salen trenes a Madrid hasta las 15:38, tengo tres horas para conocer, forzadamente, Jaén.

Resulta que es una villa de aspecto sucio, calles empinadas, con fachadas que recuerdan a Portugal. Tiene sus propias estátuas a héroes locales desconocidos fuera de allí. Un castillo en lo alto, que no merece la caminata. Una catedral pasable. Demasiados edificios podridos en cada manzana. Los muchachos son amacarrados y lolailos, con tendencia a poner su música a toda leche en el coche, para que escuchemos todos su flamenquito. No son uno ni dos. Ellas son agitanadas chonis, con su gusto por las alhajas, las esclavas y los piercings que simulan lunares.

Parece que nadie o casi nadie trabaja. Sólo van a comprar pan, se saludan, charlan, se sientan en bancos (por doquier). Los jóvenes toman cañas, alguna madre prematura pasea orgullosa su nueva “señoroñez”. La Andalucía profunda. Para mí, la muerte.

Me voy a visitar unos baños árabes. Son bonitos, pero nada del otro mundo. Una restauración de cuatro piedras cutres. Me resulta curiosa esa fijación de las capitales de provincia anodinas por “crear” museos, inventarse rutas turísticas de la nada, enseñar tesoros que no lo son. Los baños comparten espacio con un museo de arte naïf y otro, como no, etnográfico, que, como todos, exhibe una calección de fotos antiguas en las que los lugareños hacen cosas que se hacían (lavar, machacar esparto en la nieve, comer migas en grupo…) y hay cuatro aperos que han esquivado el acabar como decoración de algún mesón o casa rural.

Como en el Dean Bar, pese a que la noche anterior me mostrase cerrada su cocina. Me siento bajo un árbol. Parejas, mujeres, amigos, toman cañas con paella de tapa. Molesta algo el consabido acordeonista rumano. Me pido una rosca de pollo, que resulta ser gigantesca. Viene rellena de pollo, lechuga, queso y salsa rara. Y aceite, que le da un sabroso toque local y me hace recordar lo que me costó acostumbrarme al aceite de sabor tan fuerte. Hoy, es de esas cosas que me gustan en su "no gustarme".

Escribo en mi Moleskine mis impresiones y me doy cuenta de que una guiri, dos mesas por detrás, hace lo mismo. Creo que la inspiro algo, porque redacta, como siguiendo la escena, mi conversación con la camarera de rastas. Café en vaso. El dolor remite algo al comer y empastillarme.

Me vuelvo en taxi a la estación de tren. Es el mismo taxista nº 76 del día anterior, que me explica las razones de su estajanovismo, residenciándola en una mala y egoista mujehl...

Me compro, prevenido, una botella de litro y medio de agua. Subo al tren. Me toca toma de ibuprofeno a las cuatro, en ella tengo puestas todas mis esperanzas. Me medico. No hace efecto alguno en toda la tarde. El dolor crece exponencialmente. El traqueteo del tren lo agudiza. Odio todo y a todos. Veo, por la ventanilla, tormentas lejanas, que se hacen cercanas, en forma de tromba de agua, al pasar por Alcázar de San Juán. Llego, exhausto, a Madrid. Cruzo el umbral de la puerta y suplico un Nolotil...


Thursday, June 11, 2009

La eterna pugna entre el bien y el mal


[Visto enfrente del I.E.S. Conde Orgaz, calle Nápoles, Madrid...y mejorando a Microsiervos, por la pintada]

Wednesday, May 20, 2009

Taxi 00656


Las ocho y pico de la tarde. Me subo a un taxi. Es el 00656. Tipo rijoso, como un cura calvo puesto de cortisona. Taxi cutre. Lleva, bien visibles, tres estampitas. Encima del taxímetro, un trío de santos lleva el tipo. No la subo. En el centro, la de San José María: es casi un póker, porque San Txema vale por dos.


En la radio...¿cómo no? la COPE, habla César Vidal. ¿No se supone que son un servicio público? ¿Por qué hace este tipo alarde y exhibición de sus íntimas creencias? ¿Por qué me las hace padecer?


No me corto en hacer fotos, para que quede testimonio. Nunca entenderé como hay tantos taxistas, que son obreros, currantes, trabajadores del sector servicios, que son tan de derechas y más aún de ultraderecha. Salvo que me pare a pensar en su exposición, tantas horas y voluntaria, a la propaganda derechosa. ¿Cómo es posible que no caigan en que las gentes en las que creen, a las que animan y admiran...ni defienden sus intereses, ni ellos les importan lo más mínimo?


La verdad es que estos "amiguitos del alma" me provocan desconsuelo.